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La autoestima y aceptación de uno mismo nos libera.

La autoestima y aceptación de uno mismo nos libera.

Todos tenemos virtudes y características que nos hacen únicos, diferentes, especiales y talentosos. Sin embargo, la mayoría de las personas tienen una autoestima baja, y una pobre valoración de sí mismas.

Esto surge a medida que crecemos como efecto del proceso de socialización y la influencia de la cultura en la que crecemos y en entorno en el que estamos inmersos.

Cuándo somos niños, no nos cuestionamos nuestro propio valor o el merecimiento que tenemos sobre aquello que queremos o necesitamos. Los niños simplemente manifiestan lo que desean, piden lo que necesitan hasta que lo consiguen, experimentan, interactúan naturalmente con sus iguales y con el entorno.

A medida que crecemos, vamos interiorizando conceptos y expectativas externas sobre lo que somos y lo que se espera de nosotros. En algún momento de nuestro desarrollo empezamos a interiorizar que el cariño y la aprobación de las personas que nos rodean está condicionado por lo que hacemos y decimos, que debemos ganarnos el afecto y la aprobación. A partir de allí, el propio instinto de supervivencia nos alerta que si no obtenemos el amor de nuestros padres, abuelos, familia y entorno, peligrará nuestra propia sustentación, necesitamos que nos alimenten, nos abriguen, nos cuiden, nos protejan y nos consuelen.

Cada uno, dependiendo del contexto en el que se encuentra comienza a desarrollar diferentes estrategias para alcanzar esa aprobación y merecer ese amor.

Entonces comenzamos a interiorizar los conceptos que nos lleven a ello.

“Si haces tal cosa de tal manera está bien y si no está mal”. Nos enseñan a saludar aunque no conozcamos a la persona, a comer tomando el cubierto de cierta manera, a expresarnos de tal manera, a obtener calificaciones altas en el colegio, a destacar en los deportes, a comer todo lo que está en el plato nos guste o no, a reprimir unos sentimientos y simular otros en función de lo que sea socialmente aceptable o conveniente y así, un sinfín de parámetros externos que nos van moldeando.

De ésta manera comenzamos a alejarnos cada vez más de lo que somos para ser lo que deberíamos o lo que se espera que seamos.

Espero que se me interprete bien, creo que la buena educación, los modales, y la buena conducta es de vital importancia. No digo que debemos ser unos salvajes sin modales en pos de la autenticidad. No obstante creo que debemos establecer un límite hasta dónde esa influencia externa penetra en nuestro ser.

Hay que establecer la diferencia entre el comportamiento y el ser, porque cuándo ésta línea es difusa comienzan los problemas.

Muchas personas, por no decir la gran mayoría no sabe definir quién es. Si preguntas a alguien: ¿Quién eres? Seguramente responderá primero su nombre, luego responderá con su profesión o con alguna referencia social. Incluso si la pregunta se la hace a si mismo las respuestas serán las mismas. Por ejemplo. “Soy José López, el hijo de Antonio López o el amigo de Ricardo, o el padre de Carmen y soy profesor de historia” Eso no define lo que es, define lo que hace, define cosas externas que no son la esencia de quien es.

En éste sentido, sería más acertado decir: “Soy José López, un hombre soñador, comprometido y responsable, a veces poco perseverante pero luchador, me gusta leer y aprender, se me da muy bien ayudar a los demás, y soy feliz haciéndolo a través de la formación de los jóvenes, creo que esa es mi misión”.

Te invito a hacer el ejercicio de plantearte ésta pregunta y explorar la respuesta con la que interiormente te sientas más identificado.

Desde allí podrás recuperar tu valor, tu talento y esa esencia que te hace ser único y excepcional.

Todos tenemos un molde de cómo debe ser y hacer una buena madre, un buen esposo, un excelente trabajador en tu área, cómo debe ser un buen amigo, un buen ciudadano, que profesión debes seguir para tener reputación y estatus, que cuerpo debes tener, cuánto debes pesar, que virtudes son mejores que otras, en qué tipo de casa debes vivir, que familia debes formar y a qué edad, las vacaciones que debes hacer, cómo deben ser las fiestas de navidad etc.

Así, tenemos una receta ideal para cada papel que debemos desempeñar y terminamos estudiando carreras que no nos gustan, trabajando 40 años en algo que nos llena de frustración, manteniendo una relación que nos hace infelices, reprimiendo emociones, renunciando a sueños, aceptando situaciones que no merecemos y sintiéndonos deprimidos cuándo no logramos ser exactamente como el modelo que está establecido, y luego nos preguntamos ¿por qué somos tan infelices?

Es aquí donde debemos comenzar a reconectar con nuestro propio ser, con nuestra singularidad, con nuestras propias preferencias y llevar a cabo nuestros sueños, seguir nuestra intuición y nuestra propia voz interior.

Sé que puede sonar esotérico y que muchos dirán que no tienen intuición o que no escuchan ninguna voz, sin embargo, es más sencillo de lo que parece. Comienza a vivir prestando atención y ante cada cosa que ahora haces casi de forma automática, detente y pregúntate;

¿Esto lo hago porque es lo que quiero hacer o porque es lo que se espera de mí?

¿Esto responde a mis necesidades o a la de los demás?

Si pudiera elegir con libertad y no hubiera consecuencias negativas, ¿estaría haciendo esto o haría otra cosa?

¿Estoy viviendo mis sueños o los de otra persona?

Lo que hago en éste momento, aunque eventualmente no me guste ¿Me acerca a mis sueños y objetivos?

Y sobre todo, la pregunta más importante

¿Este trabajo, relación, actividad, o  actitudes me hace sentir feliz, pleno, satisfecho y orgulloso de mi mismo?

La respuesta a estas preguntas es tu voz interior, si es NO, entonces no estás conectado contigo mismo, y si la respuesta es SI, vas por buen camino.

Es importante que a medida que te descubras nuevamente a ti mismo encuentres que hay aspectos que no se parecen al ideal social, que sueñes con proyectos que parezcan una locura o imposibles y que te encuentren con unos cuántos defectos o características que no te agraden de ti mismo, incluso hechos de tu pasado de los que te arrepientas.

Cuándo pase esto, recuerda ser indulgente contigo mismo, recuerda que las cosas que has hecho mal o los errores que has cometido eran lo mejor que podías hacer en ese momento con los recursos mentales, intelectuales y  emocionales que tenías en ese momento. Si ahora miras atrás y piensas que podrías haberlo hecho diferente o mejor es porque has madurado, crecido y tienes ahora más recursos, así que celébralo y valóralo porque hoy eres mejor que ayer.

Al identificar las cosas que no te gusten de ti podrás comenzar a cambiarlas, trabaja en ello en vez de castigarte. Acéptate tal cual eres y mejora cada día a partir de allí según tu propio modelo de lo que quieres alcanzar.

Tú debes ser la persona que más te quiere en el mundo y la persona a la que más quieres. Estas contigo desde el principio y estarás contigo hasta el final, así que siempre debes poder contar contigo para protegerte, cuidarte, mimarte, defenderte e impulsarte. Cuándo parece que no hay nadie más contigo, estás tú misma. Eres tu última línea de defensa, tu muralla más cercana, tu mayor soldado, así que jamás puedes estar en contra de ti misma.

Llevamos tanto tiempo desconectados de nuestra esencia que la desconocemos. Volver a encontrarse con uno mismo es una tarea grande pero es sin ninguna duda un paso fundamental hacia nuestra felicidad.

María Raquel Denis.

Coach y Mentora

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