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La verdadera dificultad.

La verdadera dificultad.

Cuando nos aferramos a una situación que parece tan difícil que no podremos enfrentarla y la opción de desistir o no intentarlo parece más sensata es bueno detenerse y observar que, las limitaciones no están en la situación sino en la concepción y definición que le damos en nuestra mente.

No digo que no existan cosas difíciles, por supuesto que existen y abundan, pero la cuestión es que no son igual de difícil para todo el mundo. Lo que para ti es difícil para otro puede no serlo, y lo que a ti se te hace fácil a otro puede parecerle casi imposible.

Entonces; ¿Dónde queda determinada la dificultad? ¿Todo depende de las circunstancias externas?

Cuando nos encontramos frente a una situación difícil, mentalmente adjudicamos un “tamaño” a esa situación y la comparamos con el concepto que tenemos de nosotros mismos, de lo que somos capaces, con situaciones que hemos visto, vivido o escuchado sobre lo que es posible hacer.

Si hemos escuchado que algo es difícil o imposible, nuestra mente estará condicionada a verse más débil ante esa situación. Lo mismo si hemos incorporado la creencia que somos inútiles, que no tenemos capacidad, que nunca podremos hacer nada diferente, que no tenemos nada especial, etc.

Si además no tenemos ejemplos de personas cercanas que lo hayan logrado, entonces será más fácil aferrarse a la idea que es mejor no intentarlo.

Cuándo estaba en el último año de bachillerato, mi profesora de matemáticas nos contó una historia que, no sé si es cierta, pero hasta el día de hoy la recuerdo y me resulta inspiradora.

En aquella ocasión surgió la reflexión que lo bueno en las matemáticas es que todos los problemas tienen solución. Entonces la profesora nos contó que en realidad existían siete problemas matemáticos a los que aún no se había resuelto, y que incluso había recompensa para el que lo hallara, a excepción de uno que había sido resuelto de una forma increíble.

Nos contó que había un alumno que ansiaba mucho culminar sus estudios y recibirse. Estudiaba con mucho empeño y se esforzaba por mantener todas las asignaturas con buena nota, pero matemáticas se le resistía, no podía con ellas. Aun así se propuso mejorar su nota sea como sea.

Un día en clase de matemáticas estaba totalmente agotado y a poco de empezar se durmió. Al finalizar la clase el sonido de la campana lo despertó. No lo podía creer! Miró a la pizarra y vio un ejercicio que había puesto el profesor. Asumiendo que era la tarea para entregar a la siguiente clase se apresuró en anotarla.

Pasó toda la semana intentando resolverlo pero era sumamente difícil. No quería preguntarle al profesor para no tener que confesar que se había dormido y tampoco se podía permitir no entregar la tarea porque necesitaba urgentemente subir la nota, así que, dobló su esfuerzo y concentración hasta que al final logró terminar el ejercicio.

Cuando llegó la clase siguiente y le presentó el trabajo al profesor, éste quedó totalmente impactado, no podía creer lo que estaba viendo.

El alumno, sin entender lo que pasaba, le preguntó si estaba bien la tarea que había hecho. Fue entonces que el profesor le explicó que el ejercicio que había escrito en la pizarra no era la tarea, sino uno de  los ejercicios matemáticos considerados sin resolución hasta el momento y que había puesto como ejemplo, pero que él acababa de resolver.

Si el alumno no se hubiera dormido y supiera que ningún matemático de renombre le había encontrado solución, nunca lo hubiera intentado. Fue el hecho de no saber que era imposible, sumado a la convicción que si el profesor lo había puesto era porque debían hacerlo y era posible, más la propia urgencia y el compromiso de subir la nota por lo que, finalmente, consiguió hacer lo que hasta ahora era supuestamente imposible.

El hecho de creer que algo es más difícil o imposible es, en la mayoría de los casos, el obstáculo más grande.

Cuándo algo te parezca difícil investiga, prueba, observa, pregunta, busca información y adquiere los conocimientos o destrezas necesarias para lograrlo y verás que aumenta tu seguridad en ti. Es muy probable que falles muchas veces, pero sigue intentándolo porque será cada vez más fácil.

Divide el objetivo en pequeñas partes que puedas asumir con más comodidad y claridad y mantén la fe en que lo lograrás sea como sea.

Con todo mi cariño, te deseo mucho éxito.

María Raquel Denis.

Coach y Mentora

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